¿Alguna vez alguien te ha dicho: “Escucha a tu corazón, él siempre sabe?”

Todos estos años, he usado esta frase de manera relajada y ligera, sin darme cuenta de cuán verdaderamente significativa y real esa frase es.

Cuando era niña, mi padre, que era cardiólogo de profesión, solía contarme las complejidades de este sofisticado órgano. Él siempre decía: “Corazón sano, vida sana”, y ahí es donde terminaba mi comprensión fisiológica del corazón.

Más tarde, en la escuela, me enseñaron el estándar científico: ‘El corazón es una máquina de bombeo y nada más.’ A consecuencia, he pasado la mayor parte de mi vida inconsciente e indiferente a mi corazón.

Todo esto cambió una mañana cuando tuve que ir a renovar mi licencia de manejo. Cuando estaba entregando el formulario, el empleado lo revisó para asegurarse de que no faltaba información y me preguntó si quería marcar la casilla que indica mi deseo de donar mis órganos en caso de muerte.

Hasta ese momento, nunca había pensado en eso. Lo consideré por un momento y pensé: “¿Por qué no? Sería bueno saber que en la muerte hice algo positivo al dar el regalo de la vida a otra persona.” Marque la casilla y salí de la oficina sintiéndome realmente contenta con mi decisión.

Esa noche, seguí pensando en la donación de órganos y me pregunté, cómo sería que partes de una persona fueran transferidas a otra. Me pareció un tanto macabro de modo Frankenstein y, sin embargo, maravilloso al mismo tiempo.

Así que decidí investigar el tema y lo que encontré me sorprendió. Leí historias de personas que recibieron trasplantes de corazón que informaron cambios completos de personalidad después de recibirlo. Informaron cambios en la preferencia de alimentos, sabores, olores, miedos, emociones, escritura de mano, alergias e incluso recuerdos en sus sueños de vidas ajenas. Al principio, los médicos descartaron las alegaciones como pura coincidencia. A un así personas por todas partes del mundo continúaron afirmando que parecían haber heredado mucho más que solo el corazón. Esas personas parecian haber también heredado la memoria, las experiencias y las emociones de sus donantes fallecidos, lo que hizo que la comunidad científica comenzara a reconsiderar.

Yo estaba facinada.

¿Podría ser que nuestras culturas indígenas y espirituales han estado en lo cierto acerca de que el corazón es el recipiente de nuestra alma? ¿Es posible que el corazón trasplantado en otra persona lleve consigo los recuerdos del donante? Esa es la pregunta que desconcierta a la comunidad científica.

Así que seguí investigando. El Dr. Pearsall y el Dr. Bunzel de la Universidad de Viena han recopilado los numerosos relatos de los receptores de trasplantes y han estudiado este fenómeno de “transferencia de memoria celular” en el corazón con gran detalle y han descubierto que de todos los receptores de órganos, son los del transplante de corazón quienes tienen más probabilidades de reportar la transferencia de memoria y personalidad de sus donantes.

Esto implicaría que el corazón es mucho más de lo que la ciencia había alegado anteriormente. Las historias son muchas y todas son sorprendentes. Todo lo que tienes que hacer es buscarlos en Google y puedes leer por ti mismo.

La historia que más me intrigó fue la de una niña de 8 años de un pequeño pueblo del Medio Oeste que recibió el corazón de una niña de 10 años. El trasplante fue exitoso, pero casi inmediatamente la niña comenzó a tener un sueño recurrente, lo suficientemente frecuente como para que su médico reconociera que estaba fuera de su ámbito de experiencia y le recomendó que consultara a un psiquiatra. El psiquiatra reconoció de inmediato que este no era un sueño típico y tenía las características de un recuerdo.

La pregunta es, ¿de quién eran los recuerdos que esta niña tenía noche tras noche? Trajeron a un artista forense y la niña comenzó a contar su sueño. Ella dijo que el sueño siempre comienza en la noche y ella esta corriendo en el bosque porque un hombre la estába persiguiendo. El hombre la alcanza y comienza a atacarla, el la mira a los ojos y, mientras la agrede, le dice palabras muy específicas y luego la mata. Ella le repitió esas palabras al artista forense quien pudo dibujar una representación del hombre que la atacaba. La información se transmitió a las autoridades y dado a que era una ciudad pequeña, no pasó mucho tiempo antes de que encontraran al hombre que coincidía con la descripción y, al ser interrogado, admitió que efectivamente había matado a la niña.

Y aquí está lo insólito —cuando le preguntaron acerca de los detalles, el asesino les dijo las mismas palabras que la niña les había dicho previamente a la policía que le fueron reveladas a ella en su sueño. Con base en esta evidencia, el hombre fue juzgado, sentenciado y ahora está cumpliendo una condena por el asesinato de esta niña.

Este caso solo fue posible debido a que la memoria de la niña que fue asesinada se conservó en las células de su corazón que ahora están en el cuerpo de la nueva receptora.

Asombroso no?

Mientras leía, me di cuenta de lo precioso y poderoso que es el corazón para tener ese impacto tan grande. Me sentí tan emocionada con las historias que leí que escribí una carta a mi hija mayor como prueba de mi última voluntad en mi testamento con mi deseo de que en caso mi corazón sea donado, pido que mis hijas obtengan la información del destinatario. Si lo que dicen estos descubrimientos es real, sé que este poderoso amor que tengo por mis hijas se quedará en las células de mi corazón y este las recordará. Por esa razón quiero que mis hijas conscan al al receptor de mi corazón.

Después de leer las maravillas del corazón, me sentí culpable de que nunca antes me había dado cuenta del milagro que llevo dentro de mi. Mi corazón bombea dos galones de sangre por minuto, más de 100,000 galones por día a través de 60,000 millas de vasos sanguíneos, tres mil millones de veces en la vida, sin reparaciones, ni exigencias hacia mí y lo hace, a pesar de mi falta de gratitud. Sin embargo, este órgano milagroso sigue dándome vida. Nunca había pensado que mi corazón contiene todas mis emociones, recuerdos y alma. De repente me senti llena de amor y gratitud.

Más tarde asistí a una conferencia sobre la ciencia y la espiritualidad en Sedona, Arizona, en el 2017, donde escuché a Gregg Braden hablar.

Un sorprendente descubrimiento de un grupo de científicos liderado por el Dr. J. Andrews Armour de McGill University de Montreal, Canadá, sacudió a la comunidad científica escéptica, obligándola a reconsiderar sus puntos de vista anteriores sobre el corazón y su capacidad de transferencia de memoria celular.

En 1991, el Dr. Armour descubrió que el corazón tiene un sistema nervioso intrínseco propio, que contiene una concentración de 40,000 células especializadas en una forma precisa en el corazón que se llaman neuritas sensoriales.

¿Qué tienen de especial estas células te estarás preguntando?

Estas células son idénticas a las que se encuentran en nuestro cerebro, pero están en nuestro corazón. Según Braden, estas células aprenden, piensan, sienten y se comportan independientemente de nuestro cerebro. La comunidad científica ahora se refiere a este descubrimiento como “el pequeño cerebro en el corazón.” Los científicos ahora pueden medir la energía producida en nuestros cerebros en comparación con nuestro corazón y encontraron que el corazón es el mayor generador biológico de fuerza eléctrica y magnética más potente que cualquier otro órgano en nuestros cuerpos. De hecho, esas células de tipo cerebral en nuestro corazón son 5,000 veces más magnéticas que nuestro cerebro.

No está mal para una simple bomba de sangre, ¿no crees?

Ahora tiene sentido por qué el corazón comienza a latir en un feto antes de que el cerebro se haya formado. Este nuevo descubrimiento de una fuente de inteligencia independiente en nuestros corazones, es probablemente el responsable de la transferencia de memoria de un donador de corazón a un receptor. Mientras que esto no ha sido 100% validado científicamente, su probabilidad es alta.

Ahora comparto la misma creencia que nuestras antiguas tradiciones han sabido durante miles de años, que el corazón es la raíz de toda intuición humana, la fuente de toda sabiduría, emociones, la memoria y el alma misma.

Creo que nuestros corazones nos conectan con una fuente superior de inteligencia que vive dentro de nosotros, una inteligencia que nos ama lo suficiente como para darnos vida. Esta fuente es mayor que nosotros mismos y está en constante comunicación con nosotros.

Entonces, cuando necesites tomar una decisión critica que te puede impactar la vida, ¡pregúntale y escucha a tu corazón!

Puede que te lleves un tiempo para escuchar las instrucciones de tu corazón. Puede ser confuso y frustrante al principio discernir cuándo es tu cerebro el que te dice algo o tu corazón.

Se necesita práctica para aprender a escuchar al corazón. Cada vez que necesito tomar una decisión importante, tomo un par de respiraciones profundas, cierro los ojos, pongo mi mano en mi corazón (la energía va hacia donde va tu atención) y hago mi pregunta. La respuesta que sale a la velocidad de la luz, es con la que voy. El corazón sabe al instante la respuesta porque no tiene filtros. Según Braden, “Cuando el corazón habla, lo hace de manera breve, concisa y generalmente en una frase. A menudo te da la respuesta incluso antes de que termines de hacer la pregunta. Muy rara vez tu corazón comenzará a contarte una historia y a darte un preámbulo para justificar la respuesta que está a punto de darte.”

El corazón no necesita justificación. Entonces, si empiezas a escuchar una historia, lo más probable es que estés en tu mente. La primera respuesta que escuches al instante después de preguntar es la que viene del corazón. Recuerda, nuestro corazón siente las cosas que nuestros ojos no pueden ver y sabe lo que nuestra mente no puede entender.

Entonces, la próxima vez que alguien te diga “Escucha a tu corazón” créeles.

¡EL CORAZÓN SIEMPRE SABE!

Con gratitud,